Villa Mercedes: una calle llevará el nombre del oncólogo Gustavo Domínguez

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A poco de cumplirse dos años del accidente que se cobró su vida, los concejales de Villa Mercedes impulsaron una ordenanza para que una de las calles de las 2.390 Viviendas, en la zona este de la ciudad, inmortalizara su nombre. El homenaje viene a sumarse a otros que ya hicieron en el Policlínico Regional “Juan Domingo Perón” y en la Villa de Merlo, a un carismático especialista que forjó grandes lazos que traspasaron las paredes de su consultorio.

“Los reconocimientos bienvenidos sean, es lindo que haya una calle que lo recuerde, estamos agradecidos, pero esto es una herida abierta”, expresó Silvina, su hermana a El Diario de la República. El proyecto que encaró el edil Pablo Muract contó con la aprobación de todo el cuerpo legislativo. La ordenanza reconoce la trayectoria del especialista y por eso establece que una de las arterias de la nueva urbanización, que le sigue a Amaro Galán y corre paralelamente, lleve su nombre. El acto será el viernes a las 18, en la intersección con Jujuy. Domínguez se recibió de médico en Córdoba, entre los 21 y 22 años. Se especializó en un hospital de Bahía Blanca y retornó a la ciudad, donde fue jefe de Oncología en el Policlínico.

La madrugada del 22 de octubre de 2017, salió de la casa de sus hijas a bordo de su moto Kawasaki negra para encontrarse con sus amigos del secundario. Al llegar a la esquina de Sallorenzo y Láinez, lo sorprendió una camioneta pick- up que lo embistió por el costado derecho. Terminó contra una columna de alumbrado y los golpes le provocaron fractura en el brazo y en el pie izquierdo y un traumatismo en el tórax que fue letal.

“Hay tanto dolor, lo que más nos duele es que no salga el juicio. Calculo que la familia va a tener paz una vez que inicie la instancia oral que viene muy lenta. Ella está libre, tranquila, ha habido accidentes de la misma característica y se resolvieron en el acto”, reclamó Silvina.

El recuerdo de su hermano es recurrente y aparece cada vez que se cruza con quienes lo conocieron. “Las cosas que hacía Gustavo eran de corazón, contenía al paciente. La mayor parte del tiempo lo absorbía el trabajo: iba a Merlo, La Toma, a ver a los particulares y su vía de escape eran los congresos que le servían para capacitarse y salir del estrés de la demanda de los enfermos de cáncer. Él era solidaridad, entrega y amor”, dijo, con un nudo en la garganta.

También en la Villa de Merlo dejó una huella imborrable. En la Fundación Alas de Vida se desempeñó como oncólogo desde el 5 de abril de 2004 y atendió a casi 130 hombres y mujeres. La presidenta de la ONG, Mirta Laderach, aún se emociona cuando trae su imagen a la mente. “Tenemos el mejor recuerdo, sus pacientes decían que un abrazo de Domínguez era mucho más que una quimio, que lo escuchaban llegar y solo oír su voz los reconfortaba. Humanamente, era un ser excepcional. No hay palabras para describirlo”, remarcó.

 

 

Fuente: El Diario de la República

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