Tricicletas: “Por la sonrisa de un niño feliz”

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Pedro Fernández es chofer de transporte interurbano y vive en La Ramada, una pequeña localidad de Córdoba que queda apenas a ocho kilómetros de Villa de Merlo. Comenzó con un vehículo para su hijo de 11 años, que sufre parálisis cerebral, y ya regaló varias a niños de Villa Mercedes y Merlo. De a poco, en su tiempo libre, comenzó con un proyecto para su familia que ahora se expande a otras: adapta bicicletas, las vuelve triciclos y se las entrega a chicos con discapacidad de la villa turística y hasta de Villa Mercedes. 

Pedro quería ayudar a su hijo Santiago, de 11 años, que tiene parálisis cerebral. “Él es muy lúcido, pero le afectó la parte motriz”, aclaró. En el Centro Especial Mirlo, en 2013, le recomendaron un triciclo adaptado. Sin embargo, para ese entonces el precio de 6 mil pesos le era prohibitivo. Por eso, empezó a buscar alternativas.

“Era por la desesperación de una persona que le cuesta caminar, de no tener su bici”, recordó. Junto a un compañero de trabajo, Mario Monge, comenzó a modificar una bicicleta tipo BMX. Le cortaron la rueda trasera y consiguieron un eje nuevo. Y, con el tiempo, fue mejorando el diseño, a medida que su hijo crecía y encontraba nuevas soluciones para que anduviera mejor. “Le acortamos los pedales y le cambié los platos para que no tenga velocidad, sino fuerza”, detalló.

Una vez que perfeccionó el diseño de la bicicleta, la idea comenzó a circular por la villa. Como chofer y vecino se cruzó con varias historias. “Seguí el mismo molde y conseguí bicis para modificar. Acá en Merlo tomé una Tubi, la corté y le hice una modificación atrás. A través de gente conocida, les pregunté a familias de chicos con síndrome de Down si querían que modificara las bicis para que anduvieran”, describió.

Otra vecina le cedió una bicicleta adaptada que tenía abandonada y la reutilizó. Así ayudó a chicos como Matías Arias, que tiene el síndrome. A veces, las bicicletas son donadas y, en otras ocasiones, las mismas familias piden las modificaciones a vehículos que ya tienen.

Una de sus creaciones llegó incluso a Villa Mercedes, a un chico llamado Julio. Y, hace un par de días, entregó otro vehículo a una chica llamada Barby. “Tengo un grupo de amigos, de un taller privado. Trabajo con mi familia. No me comprometo. Si encuentro 10 chicos, prefiero empezar y terminar bien una, a empezar por las 10 y no terminar ninguna”, aclaró.

La parte de atrás de los triciclos tiene una placa de madera para que no haya un hueco entre las dos ruedas y que suele llevar la consigna “Por la sonrisa de un niño feliz”. “Estuve en la Colonia Hogar y siempre estaba esa frase. Hoy tengo 40 y a los 16 me vine de San Luis”, recordó.

Para Pedro, hacer las bicicletas es una forma de agradecimiento. “Estoy devolviendo lo que he recibido para mi hijo y siempre me gustó ayudar”, remarcó. Aunque ahora su actividad está un poco detenida por problemas de salud, no se olvidó de agradecer a su mujer María y a su otro hijo Matías, que lo ayudan y a la Fundación Aytan.

Hubo una actividad paralela a la construcción de las bicis. La Municipalidad de Merlo comenzó a impulsar bicicleteadas barriales, de las que participaron tanto Santiago como Matías. “Busco mantenerlo activo permanentemente, para que piense menos en el estado en que puede llegar a estar. Santiago hoy tiene 11 y superó cuatro operaciones en cada pierna. Mi otro hijo, Matías, lo acompaña en todas”, contó. Así, incluso, se animaron a hacer recorridos en otras localidades como Salsacate y Villa de las Rosas.

Más adelante, Pedro no descarta emprender nuevas construcciones inspiradas, por ejemplo, en la moto adaptada a silla de ruedas del joven Oscar Maldonado en Villa Mercedes. Y hasta tiene contacto con la Fundación Maggi, que hace vehículos adaptados en la provincia de Córdoba. “Quisiera armar una fundación y ahí arrancar, creo que a través de eso conseguiría más cosas”, dijo con un dejo de esperanza.

Nota: El Diario de la República

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